martes, 24 de diciembre de 2013

Sebastiana

Al entrar sentí un opresiva sensación de extrañamiento. 
Todo estaba casi como siempre pero no era ya igual. 
La atmósfera se había vuelto diferente, menos plomiza, parecía que el salón hubiera rejuvenecido, pero eran muy sutiles los cambios.
Había menos polvo quizás, estaba menos velado el brillo de los muebles, estaba menos oxidada la plata, había más luz en la araña.
Algo o todo había cambiado desde que mama estaba ingresada.
Ahora se ocupaba de papa la señora que habían traído del pueblo, era diligente y discreta pero tenia una extraña complicidad con papa.
La casa era extraña con mama desaparecida y con la certeza de que de su retiro forzado ya nunca volvería. 
Mama había muerto ya en la casa, solo estábamos esperando que muriera también en el sanatorio.
Era una intuición pero yo notaba que Sebastiana había usurpado parte del sitio de mama.

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