domingo, 24 de septiembre de 2017

Agujero Glorioso


Con frecuencia son muy precarias nuestras compañías.
Nos acompañamos de la precariedad.
Precarios e irresistibles vicios.
Vicios de arrabal que enfundamos en salvajes pieles.
Zorras con piel de zorra.
Fregonas con manto de armiño.
Pulsiones que nos dominan con demasiada frecuencia.
Compañías para nuestras campañas de temeridad.
Delitos en el altar.
Delitos en la curia.
Delitos en la casa consistorial.
Vicio por los agujeros gloriosos.
Pon la negrura de hozar en el hoyo.
Tumultuaria aprobación de la vulgaridad.
Desde el palomar otea el buitre de papo pestilente.
Atalaya de la dama del bochinche.
De la dama del frite.
De la chacha macilenta y macerada.
Alta sociedad.
Alta suciedad.
Mercaderes de la trampa que anidan en las primeras filas.
Nidos de alacranes.
Alcobas del morapio y del chalaneo.
Furcias que el el jergón de lana son trasquiladas.
Bocas difusoras de mentiras, que se pierden por lamer, la almeja más vulgar.
Panadizos, chancros, calenturas, peste bubónica.
Asola el truhán el futuro, y llena su granero con cacareada y falsa bondad.
Zorras del pueblo.
Pueblo de zorras.
Liendres hijas del latrocinio, que enharinadas desde el cubil, en nueva hornada, están prestas a eclosionar.
Merodeadores.
Matarifes.
Cuervos ladrones.
Amputadores de talento.
Reyezuelos de la miseria.
Maldad.

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