Furia nueva en los rescoldos. No hay mayor acicate que sentir el aliento de la muerte. Fría mano en la nuca. Avivados goces de entrepierna. Capotazos a las Parcas que tienen ganas de cornear.
Fíate del hombre que sublima, que renuncia y se centra. Que concentrado en ti, no se dispersa. Que elije y es consecuente. Que mira a los lados para caminar contigo. Desconfía del que mira demasiado a sus espaldas. Del que en oficios raros se dispersa. Del que se escusa para en ti no centrarse. Del que sigue órbitas que no te tienen a ti como centro. Del que a muy poco por ti renuncia. Desconfía del que no te antepone. Desconfía del que no te da lo que tu a él sin pedirlo regalas.
Si poder tuviera. Poder podría. Más ansió poder. Porque quien se empodera puede. Y yo quiero y no puedo. Porque mi faenar no permite. El que yo tanto quiero. Y no hace un poder que me permita. Amarlo todo lo que quiero y no puedo.
No hay camino con más sombras que el camino de la luz. Negrura de cunetas de espantados. De pillados infraganti. De viciosos agolpados que provocan meandros. De manos de teatro. De amores teatrales. De castillos de postín construidos sobre cementerios. Altos muros de cegadora cal para tapar bosques de calumnias. Urdidas y entrelazadas flores espinosas que conforman impenetrables setos. Es el camino menos recto el que busca la luz.
En plena noche he arañado el sol. Sol con olor a resina y mansedumbre. Sol nimbado de potencias de plata. Sol de ecuador. Sol curtido en la guerra. Soldado herido que buscaba un hombro. Sol esquivo al roce y la zalamería. Sol sediento de besos. Sed domada a fuerza de pasar sed. Hombre de luna moreno de tanto sol.
Mi belleza siempre es discutida. Mi estética, es una estética de borde. Es una estética que nada contra corriente y se zambulle en aguas prohibidas. Así aprecio yo la belleza, en el drama y en el bando de las airadas sombras. Es libérrimo mi estilo y de forma caduca complace. Hoy soy hidalgo de sangre azul, mañana fulana de violentos colores.
Son muchas las manos que solo manosean por interés. Son muchas las manos que solo se acercan para envenenar. Manos expertas en venenos. Manos prestas a envenenar. Caricias venenosas. Humo toxico que con su adicción envenena.
Se revisa la belleza bajo la luz del infortunio. Todo está en crisis, todo está critico. Planean sobre los bellos cuerpos las sombras de las malditas propuestas. Vendedores de humo y tizne. Cuerpos azules, manchados de azul. Manchados por caligrafías que envejecen y se oxidan, creando un nuevo bestiario. El bestiario del fin, del preámbulo de la desaparición, del apocalipsis. Manzanas podridas que al lado de las más podridas rezan como sanas. En el postrimero infortunio se revisan los cánones, los modelos, las metas y los ideales.
En los suburbios pesca el torticero. En los arrabales de las palominas. Es el pobre sin saberlo la lanza y el estribo del publicano. No son románticas las arengas si diseccionas sus entrañas. Todo tiene un interés, detrás de todo hay un interesado.
Todo se vulnera, se vulnera desde la cumbre y conociendo los entresijos por los que se hace gran daño. Es estrepitoso el retorcer, cruel torsión de palabras que cimientan leyes, leyes para supeditar y rendir al llano. Se despelleja a los corderos para dar ejemplo al rebaño. Destellos de rubíes, que refulgen rojizos en los lomos injustamente azotados. Espumajeo de bocas rabiosas que se aferran con uñas y dientes a los privilegios de vergüenza. Palmea el corifeo de ovejas rendidas, saciadas con las sobras de las palaciegas mesas de manjares que se sirven en la cúspide. Desgastada está la purpura de los manguitos de los gobernantes de tanto y tanto en el lodazal faenar.
El tiempo del caos es el tiempo de la esperanza. Es el dolor de la crisis la puerta del nuevo futuro. El ritmo sangriento del violento oleaje traerá la victoria. Inmolarse por el ideal es alcanzar el bello arcoíris. Pon la mano en mi pecho y veras la urgencia por explotar por mi fe.
Cuento y recuento posesiones desmoronables.
Tesoros de azucar.
Pesadumbre entre tanto apolillable oro.
Por más que las cuente, el leopardo tiene las mismas manchas.
Por más que me pese, seré por siempre un codicioso avaro.
Los bellos cuerpos se compran con sal. Es el salario de las caricias al sol. Tienen buena letra la infieles promesas de verano. Es el bronceado disfraz de las mentiras.
Nada tengo que sembrar porque nada espero recoger. Es síndrome de ermitaño, de soledad elegida. Soledad que nada reclama, nada guarda y nada pide. He preferido ser un muñón, un tronco desechado y sin afectos. Sin vampiros seres que solo saber exigir y nada dar y entender. Sin tesoros se es más libre. Sin familia el futuro es una infinita soledad libérrima.
El hacedor está fuera del tiempo. Está en los margenes del infierno de las estrellas rojas. En los castillos de la parcela intocable. Más allá del inmenso limbo. Abarcamos tampoco, que tenemos que imaginar para poder abarcar y dormir. Es tan pequeña nuestra parcela visible. Es una mota de polvo en la insondable enormidad. Es un acto de fe creer lo que ocurre y existe una vez cerrados los ojos.