Persigo las esquirlas de tu deflagración, recorro la senda que marca el regero carmesí de tu derroche. Tiempos fútiles de derroches ligeros, pirotecnia de un exhibicionismo sin salvación.
Persigo las esquirlas de tu volatinero brillo, destellos de arrabal y perdición.
La traca final de la estelaridad siempre acontece en las calles traseras, allí ya no hay aplausos, ni vítores a ninguna proeza, en el escaparate de la gloria efímera hay un nuevo carnero que espera en la plenitud de su turgencia el urgente manoseo y la putrefacción.
Obsolescencia programada de un primer mundo, en el que no existe la conmiseración.












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