que mece mis devaneos,
que mece el naranjo
y a sus pies agita
la nieve del azahar.
Tras la tormenta
que apedreó la higuera
llega el silencio
y en el silencio
anidan los pesares.
Torturas que ruegan
que vuelvan los trinos,
pero no hay trinos
en el nido del gorrión,
tras la arrebatada furia
solo hay duelo,
el duelo de quien pierde
a los frágiles vástagos
por el cruel aguacero.

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