a este mundo
como el amor.
Nada nos desordena tanto
como la pasión.
Somos las manos
que agarramos,
los cuerpos
que abrazamos,
los besos
que damos
y los besos
que por fidelidad
nos negamos.
El amor verdadero,
aunque tú, sueltes su mano,
él te la vuelve a agarrar.
El amor verdadero
soporta estiajes,
soporta tormentas,
soporta la ruina
y cualquier inclemencia.
Es amor es pasión,
pero no solo pasión.
Es amor nunca
es hambre,
nunca el amor
es turbia sombra,
ni calle trasera.
El amor es calle ancha
en la que uno exhibe
el trofeo que es el amado,
el premio que es nuestro amor.
El amor es cumbre y valle,
nieve y cálido regato
que serpentea caprichoso
y juguetón por el cañaveral.
El amor se cimbrea
y en su flexibilidad sortea
la racha iracunda
de cualquier temporal.
