El problema de las ratas que abandonan los barcos.
Cargueros que zozobran o ya no estiman para llegar a su puerto.
Nada duele al nuciente.
Nada quita el sueño a la alimaña.
Bañadas de ámbar en la esquina de las cortesanas se pavonean.
Sin duelo y sin pesar.
Para el que daña por habito no hay trauma en el gesto.
El marketin todo lo vende y la rata domina el marketin.
Entran por los ojos de la noche.
Entran en el empalagoso alago.
En la adulación sin fondo.
Entran y su entramado de malhechores construyen.
La rata no construye barcos, navega en el barco que otros construyen.
Señoritas de corte.
Señoritas cortas, que acortan distancia en el ardid.
Instaladas en la vanidad, caramelo empalagoso, palmada en el hombro del ingenuo constante.
No necesitan hierro para ganar batallas.
Solo montar por montones en el proyecto del sabio.
Para terminar hundiéndolo con la parásita sobre cargas.
Cegado está el mundo por las ratas con dientes de oro.
Cegado está el mundo por las ratas acicaladas.
Por las ratas de alcoba.
Por las ratas presentadoras de programas llenos de erratas.
El en reino de las ratas ya ningún hombre en navíos se embarca.
La proeza de sobrevivir, entre tentadoras manzanas.
Dardos de la sombra, veneno envuelto en miel.
Solo, siento la caricia de mi mano.
Única mano fiel.
Ha sido la luz hurtada.
Faro, obelisco, lámpara cuya desubicación me alertó.
Ama de llaves, llaves del amo.
Traición de próximo.
Corte de daga.
De la daga presente de amor.
El amor acorta la distancia.
El amor permite que la mano de la confianza infrinja dolor.
Me cabe en un puño el corazón.
Tengo el corazón en un puño.
En vilo, esperando que me beses antes de marcharte.
Con el rostro enrojecido espero tras mi traición tu perdón.
Un segundo de joven sabor.
Hace que se tambalee la que creía que era mi eterna torre.
Olas verdosas de color bronce.
Cañonazos de tempestad sobre la herida roca.
Espuma de brava sal.
Emborracha el olor a pescado.
Acaricia la lamida arena.
Terciopelo crispado de vivo mar.
Malentendidos, lecturas erróneas.
No todos los caminos llevan a Roma.
El amor es el comienzo de todos los caminos.
Desamparado está el que le augurios con pobre luz.
Luna menguante que creemos que crece.
Lenguas que confunden.
Confundido por las lenguas.
No creo en el susurro, pero tampoco en el grito.
Creo en las palabras de frente que salen a la vez de la boca y de los ojos.
La torrencialidad modela el paisaje.
Las desgracias modelan el alma.
Se erosiona la cumbre.
Se llena de limos el llano.
El amor no tiene reino.
Pero si tiene súbditos.
La gente instruida suda belleza.
La gente que bebe belleza transpira belleza.
A un pastor le preocupa la perdida de una de sus ovejas.
Pero una vez perdida se vuelve a centrar en el rebaño.
En la multitud puedes focalizar la atención un segundo.
Pero perdido el interés y la focalización se pasa a ser multitud sin concreto interés.
La verdad para algunos es una piedra y no son capaces ni de masticarla. ni de digerirla. Es complicado decir la verdad aunque por favor te la pidan, no somos como queremos vemos, y no asumimos como nos ven; ser y actuar.
Los ríos salvo que se les encauce, eligen el cauce de la debilidad.
Seres fácilmente atropellables.
Corrientes que al débil van a atropellar.
Las deudas no pueden caer en saco roto, deben ser apuntadas, y se debe buscar el momento del cobro. La venganza es un mecanismo de defensa, donde la agresividad, domada por la inteligencia se embalsa y contiene para soltarla como riada en la sorpresa, en la indefensión y el olvido de la cuenta pendiente. Como una guerra de guerrillas, hay cosas que no deben ser cobradas ipso facto, si no que se deben dejar agriar, para que sea más virulento el cobro.
Si se permite rodar por la ladera de lodo una banal bola.
Termina convertida en una arrolladora y mortal avalancha.
Los problemas en pendiente no se dejan para mañana.
No se dejan porque todo en pendiente rueda, y en el rodar crecen.
Hoy tormenta y mañana drama y tormento.
La inacción tiene un amplio prospecto que detalla sus múltiples contraindicaciones.
Siento plúmbeas las manos.
Atadas por mi conciencia.
He mamado no matar.
He mamado no robar.
He mamado construir.
Pesa demasiado el recuerdo de azabache.
La letanía de oro.
El jaspe y el berilo de la oración de las noches.
Sobre mi cabeza un purgatorio lleno de almas.
Y yo tras contarlas.
Pedía individualmente por cada una de ellas.
De nada me arrepiento y todo lo que he mamado encumbro.
Mi moral ata mis manos para el delito.
Pero desata todo mi ser para dar amor.
Hay cosas que no importa que vayan mal.
Que no es grave que se estropeen.
Que no importa que dejen de ser.
Hay cosas que no son necesarias y no lo sabemos.
No todo es sumar, restar también está bien.
Es bello el gris.
Son útiles los días grises.
Son validos los baches negros.
No hay que buscar la perfección.
Hay que pulir lo imperfecto.
Que las metas sean altas.
Pero que no tengan día.
Que la vida sea caminar sin pausa.
Caminar sin pausa hacia la alta meta.