carceleras seductoras que nos empujan
hacia el fanático amor del llano,
por el que serpentea el rio de la cólera,
la envidia de la blancura de las nieves perpetuas
y el desdén de lo inalcanzable.
Qué te podría yo dar para lograrte,
para estar contigo más del tiempo
tasado por mi salario de miseria.
Qué podría yo hacer para no derretirme
bajo este sol del que nada me guarece,
bajo este sudor que me mengua
entre flores que al morir el día, fenecen.
Mentiras sobre mentiras
que no construyen
ninguna cima que te alcance.
Sin palabras estoy perdido
y con las palabras
que salen de mi boca
ya te he perdido.

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