lunes, 11 de septiembre de 2017

De Eróstratos y segadores


Los sembradores de tempestades, buscan siempre con urgencia, un éxito no sudado, un éxito contra natura. Buscan revertir el orden para faenar en un desorden de iletrados, que infectados con el virus de la diferenciación, con un añejo mal que desde tiempos inmemoriales ha traído muchos frutos, a los Barrabas de turno, a los bastardos, que crean relatos de cuento para tapar desastrosas cuentas. Creadores de lindes y linajes, de tildes diacríticas para azuzar a Cain, a matar a Abel.
Estrategias de miserables de zafias, que con sus dedos rechonchos intentan pillar caqueras en sus fosas nasales, de vulgares mujerzuelas de una novísima tribu, que se distingue con gestos novísimos que los identifican y que sirven para identificarse entre ellos, códigos olfativos de efluvios mal aseados, de hedores de unas sobaqueras repletas de golondrinos.
Sembradores de odio, que incapacitados para construir,  se comportan como vulgares Eróstratos, que quieren pasar a la historia destruyendo, infectando, arruinando.
Segadores de unidad, difusores de mentiras historicas, de envidias y de infulas de condados titiriteros, que lucen en la barraca que es esta feria, con coronas de pacotillas, cortes de bufones que se ríen del decoro, del sentido común y la inteligencia, que berrean división e intentan rendir en la numerosa manada que concita la hispanofobia.
Con frecuencia la cumbre está llena de zafios, que se autocoronan con la patraña y sembrando el estiércol de la amoralidad.

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